1.- Padres que se tatúan lo que entiendo es su hija. En este caso hay dos posibilidades claras: o la niña es de "genética traviesa", o el tatuaje fue perpetrado por la misma señora que "restauró" el Ecce Homo.
2.- La pieza que prosigue es de ejecución correcta, no voy a negarlo, pero a mí es que los conceptos "pony" y "lobezno" me parecen algo así como inmiscibles. Aunque lo peor es que el pelo que rodea tan maravillosa obra parece indicar que el continente es un cuerpo de hombre. Bueno, el de un hombre que tiene un pony lila tatuado. Y cierto desequilibrio, asumo. Nada más que añadir.
3.- Si me queréis, aseguraos de que tanto vosotros como el tatuador sois capaces de deletrear correctamente la palabra o el texto en cuestión. En este caso, creo que al cliente tampoco se le puede pedir más. Pobre.
4.- No me cabe la menor duda. ¡Siguiente!
5.- Antes de tatuaros, y esto os lo pido por favor, haced balance. Si lo desagradable supera lo original, es momento de parar.
6.- Éste es todo clase y saber hacer. Querido amigo, esa campanilla combina de maravilla con la cruz de brillantes que te compraste en el mercadillo. ¡Enhorabuena! Por ser tan sexy, digo.
7.- Mirad la foto que sigue durante tres segundos.
Ahora mirad ésta otra.
Tengo miedo. Y ganas de hablar con él y preguntarle por qué, aunque la verdad es que no sabría por dónde empezar. Lo que sí sé es que iba a hacer algo así como un top ten, pero me parece que me voy a quedar en el 7. Creo que éste es mi límite.
Nos olemos en próximas ediciones.
Protón Verbenero.











